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Envejecer siendo LGBTQ+ en México: el reto de quién cuidará de ellos

STAFF TeleDiario Ahora Mx / Por: Alexa Córdova S / Por: Redacción / Matrix Digital Mx / Informa: Ana Miranda y Fernanda Rodríguez / Ahora Radio Mx / Ahora Noticias Mx 

Foto: Imagen Ilustrativa / Agencia de Noticias Matrix / Por: Redacción 

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Vejez en la CDMX 

Aunque México posee suficiente información sobre este sector, aun están pendientes las políticas públicas que aseguren una vejez digna para los miembros de la comunidad LGBTQ+ que lleguen a los 60 años o más 

México está entrando de lleno en una etapa demográfica en la que la vejez dejará de ser un fenómeno marginal para convertirse en una de las realidades más palpables. 

Crestomatía: Canal Once Televisión / Televisión Publica 

En 2025 había en el país 17.1 millones de personas de 60 años o más, equivalentes a 12.8 por ciento de la población. Sin embargo, el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM) proyecta que la cifra crecerá a 28 millones en 2040 y 33.4 millones en 2050.

Dentro de ese proceso hay una población cuya existencia comienza a adquirir dimensiones cuantificables: las personas LGBTQ+ mayores. La primera encuesta probabilística nacional que permitió identificarlas, fue la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (ENDISEG) 2021, que estimaba que cinco millones de personas de 15 años y más se reconocían como LGBTI+, es decir un 5.1 por ciento de esa población. 

La encuesta encontró que 0.9 por ciento de la población de 60 años o más se identificaba como LGBTQ+, pero un análisis posterior, elaborado por especialistas del Instituto Nacional de Geriatría calculó que alrededor de 155 mil personas de la comunidad en México tenían 60 años o más, es decir, 3.1 por ciento del total de la población LGBT+ estimada por ENDISEG. Pero lo más relevante es que esa cifra probablemente sea un piso y no un techo.

El INAPAM advierte que aún es difícil conocer con exactitud cuántas personas mayores LGBTQ+ existen en el país, porque muchas pertenecen a generaciones que vivieron su juventud bajo condiciones de fuerte estigmatización, criminalización y rechazo, por lo que ocultaron durante décadas su orientación sexual o identidad de género.

Más allá del dato de cuántas personas LGBTQ+ llegan a la vejez, para muchos la pregunta más importante es: cómo llegarán a ella, con qué recursos, vivienda, acceso a salud y, sobre todo, quién estará ahí cuando necesiten cuidados. 

Una generación que llegó tarde a la vejez

La primera particularidad de las personas mayores LGBTQ+ actuales es histórica: muchas pertenecen a la generación que vivió las primeras etapas del movimiento de liberación sexual mexicano, pero también sus años más duros.

Una investigación de José Arturo Granados Cosme, profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, y Nicholas Lee Hale, egresado de la Maestría en Medicina Social de la misma universidad, señala que el envejecimiento y la mayor visibilidad de la primera generación abiertamente queer han producido un grupo poblacional relativamente nuevo para la investigación social y sanitaria. Los autores sostienen que las desigualdades en salud entre la población general y las personas LGBTQ+ parecen intensificarse durante la vejez.

Su conclusión es particularmente importante: la edad y la orientación sexual pueden actuar de manera sinérgica como factores que profundizan las brechas de salud, y el análisis debe cruzarse además con clase social, etnicidad y género.

Esto significa que no estamos hablando simplemente de adultos mayores que además son LGBTQ+, sino de personas cuya trayectoria de vida completa puede haber estado condicionada por esa pertenencia. 

El INAPAM utiliza el concepto de “vejeces diversas” para explicar que no existe una sola forma de envejecer. El organismo advierte que la vejez está determinada también por el género, la condición sexo-genérica, origen étnico, salud, condición socioeconómica, lugar de residencia e historia de vida.

La diferencia es crucial, porque una parte de las instituciones mexicanas sigue pensando implícitamente en una persona mayor como alguien heterosexual, cisgénero, integrado a una estructura familiar tradicional, con hijos y posiblemente nietos. Y ese modelo deja fuera a todos los miembros de la comunidad que llegaron a los 60, 70 u 80 años en otras condiciones.

De acuerdo con el INAPAM, la discriminación y exclusión sufridas a lo largo del curso de vida pueden producir “precarización, marginación y desigualdades acumuladas que se exacerban en la vejez”. Entre los factores identificados aparecen la discriminación familiar, la exclusión laboral, la violencia, el acceso desigual a salud y la debilidad de las redes de apoyo.

Y en esa ecuación, la situación laboral y económica juegan un papel también importante, pues está documentado que la vida laboral de muchas personas trans mayores, por citar solo un ejemplo, transcurrió fuera del empleo formal. 

Una investigación publicada por la Gaceta Médica de México en 2024 llega a una conclusión igualmente preocupante. Carmen García-Peña, directora general del Instituto Nacional de Geriatría; Raúl H. Medina-Campos; Mario U. Pérez-Zepeda; Jimena Vázquez-García; Diego Terán, de la UNAM, y Alethse de la Torre-Rosas, del CENSIDA, señalan en el documento que las personas mayores LGBTQ+ enfrentan “*más barreras para recibir atención social y sanitaria y menos opciones de cuidados informales”.

Ese mismo estudio advierte que este sector suele experimentar mayor inestabilidad financiera y barreras legales, junto con peores indicadores de salud física y mental que sus pares heterosexuales y cisgénero.

Cuando no hay una familia tradicional

Aquí es donde aparece el núcleo del asunto. Los sistemas de cuidado mexicanos se construyeron alrededor de la hipótesis simplista de que cuando una persona envejece y pierde autonomía, su familia se hará cargo.

¿Pero qué sucede cuando esa familia ya no existe, está distante o nunca fue el principal núcleo afectivo? El INAPAM reconoce expresamente que existen personas mayores LGBTQ+ que viven solas, con pareja o con “familias elegidas” (amistades, parejas, exparejas, compañeros de vivienda o redes comunitarias creadas durante décadas). Sin embargo, el Estado mexicano no siempre las reconoce como tales.

México está entrando en una etapa demográfica en la que la vejez dejará de ser algo marginal para convertirse en una mayoría 

Un diagnóstico realizado por COPRED en 2025 señala que en muchos casos puede negarse atención o acceso a determinados procedimientos por falta de parentesco, aun cuando muchas personas mayores LGBTQ+ carecen de familia consanguínea cercana o viven solas.

Y cuando ese es el caso y no existe quién autorice un procedimiento médico, quien acompañe al paciente durante una hospitalización, quién reciba información médica o quién acompañe durante una enfermedad terminal, la situación se complica.

Residencias LGBTQ+ para mayores

La experiencia mexicana más emblemática es “Laetus Vitae, Vida Alegre”, fundada por Samantha Flores. INAPAM identifica a Vida Alegre como la primera casa de día para personas mayores LGBTQ+ en México y señala que surgió con un objetivo que sigue siendo central: crear un espacio seguro para encontrarse, expresarse, construir relaciones y formar redes de apoyo.

INAPAM señala que en Vida Alegre las personas mayores han encontrado oportunidades para establecer relaciones interpersonales, construir redes de apoyo, aprender, intercambiar saberes y construir comunidad.

La experiencia plantea una alternativa al modelo clásico de residencia: en lugar de separar a las personas de la sociedad cuando envejecen, *”fortalecer sus redes comunitarias para que puedan permanecer en su entorno el mayor tiempo posible”.

Sin embargo, un estudio de COPRED publicado en 2025 plantea que todavía no se han creado suficientes espacios que funcionen como hogares acogedores e incluyentes, no heteronormados, capaces de atender las trayectorias específicas de las vejeces LGBTQ+.

“¿Quién me va a cuidar?”

Esta puede ser la pregunta más difícil. Una persona heterosexual que no tuvo hijos enfrenta ya un problema potencial de cuidados. Para una persona de la comunidad que además perdió vínculos familiares por su orientación sexual o identidad de género, el riesgo puede ser mayor. 

Investiga primera ola de personas LGBTQ+ 

El INAPAM reconoce que las redes de apoyo social deben fortalecerse y que las experiencias de vida de este sector deben ser incorporadas al diseño de las políticas públicas.

David Román Islas, profesor-investigador de Sociología de la UAM y especialista en geografías LGBTQ+ y estudios críticos del envejecimiento, ha estudiado cómo las personas mayores de la comunidad construyen espacios y estrategias para enfrentar el edadismo y la heteronormatividad. 

Su investigación señala que la primera ola de personas LGBTQ+ que se politizó y obtuvo visibilidad ya envejeció, pero que las vejeces queer siguen quedando en los márgenes del discurso político y comunitario.

Su trabajo resulta especialmente relevante porque desplaza el problema del individuo al territorio: la vivienda, el barrio, los lugares de sociabilidad y la propia casa se convierten en espacios donde se negocia la seguridad.

El libro de Islas, ¿Volver al clóset? Geografías del envejecimiento contrasexual, publicado por la UNAM en 2024, estudia esas geografías de la vejez y documenta, mediante testimonios, cómo las trayectorias de vida se relacionan con familia, vivienda, instituciones, ocio y prácticas sexoafectivas.

En esa misma línea, el INAPAM sostiene que la participación de las personas mayores dentro de sus comunidades debe fortalecerse precisamente para generar redes de apoyo social y participación en la toma de decisiones.

Gloria Angélica Careaga, fundadora de Fundación Arcoíris y profesora de la Facultad de Psicología de la UNAM, ha sido una de las voces de la sociedad civil mexicana que han planteado públicamente esta problemática en espacios institucionales.

Durante un ciclo de la CNDH dedicado al envejecimiento y vejez LGBTQ+, Careaga dijo que existe “una falta de conocimiento en general del envejecimiento de esta población” y que estas personas enfrentan desafíos adicionales porque están ausentes de algunos programas de apoyo gubernamental.

Su conclusión apunta al problema estructural: los servicios deben prestarse sin “cortapisas”, es decir, sin obstáculos adicionales derivados de la identidad o la orientación sexual. 

La CNDH, en ese mismo espacio, convocó a organizaciones como Fundación Arcoíris, UNAM, HelpAge International y otras instituciones para discutir los obstáculos de las personas mayores LGBTI, incluyendo discriminación, estereotipos y barreras para acceder a seguridad social.

Para muchos en México, esta discusión apenas comienza. Sin embargo, tenemos que afrontar será una de las grandes discusiones sociales de las próximas décadas, o como apuntan los especialistas, una cuestión generacional que se volverá urgente ya dentro de unos cuantos años. 

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