Un grupo de derechos humanos denunció que Turquía decidió bloquear unas 40 cuentas de X ligadas a grupos feministas o LGBT, lo que constituye una vulneración extremadamente seria y desproporcionada de la libertad de expresión.
Ankara (AFP) – La decisión de Turquía de bloquear unas 40 cuentas de X ligadas a grupos feministas o LGBT constituye "una vulneración extremadamente seria y desproporcionada de la libertad de expresión", denunció el sábado un grupo de derechos humanos.
El acceso de numerosas organizaciones LGBT y feministas a X fue bloqueada en Turquía "por razones de seguridad nacional y orden público" a solicitud de las autoridades, dijo en un comunicado Engelliweb, que monitorea restricciones de acceso a internet en el país.
"Estas restricciones de acceso constituyen una práctica inaceptable que obstaculiza el ejercicio de derechos de la población LGBT+ en momentos en que se intensifican la información y llamados a participar de los eventos y marchas del Mes de Orgullo", advirtió una alianza de 22 grupos de derechos humanos, incluyendo la rama turca de Amnistía Internacional.
El homosexualismo no es prohibido en Turquía, pero la marcha anual de Orgullo ha sido prohibida casi sistemáticamente desde 2015.
La comunidad LGBT+ es frecuentemente atacada por el presidente Recep Tayyip Erdogan, quien la responsabiliza por la caída en la natalidad.
Las autoridades turcas ordenaron el cierre de un bar gay en Estambul por presuntas infracciones de la normativa, informó este sábado la oficina del gobernador en un comunicado publicado en X.
La oficina señaló que las inspecciones realizadas por orden suya constataron que el establecimiento, que operaba bajo el nombre de “Tek Yon” en el barrio de Cihangir, había incurrido en prácticas que no cumplían con la normativa vigente.
Las autoridades ordenaron el cierre del local, aunque no ofrecieron más detalles sobre las infracciones específicas que motivaron la decisión.
El cierre se produce después de que grupos islamistas protestaran en las redes sociales contra un crucero previsto para viajeros LGBT, al afirmar que la escala del programa en Turquía estaba siendo organizada por Mustafa Dogan Yilmaz, propietario del bar cuya clausura fue ordenada.
El barco tenía previsto atracar en Estambul el 8 de julio.
El diario progubernamental Yeni Safak informó este sábado de que las inspecciones comenzaron tras anunciarse una fiesta especial LGBT prevista en el Bósforo, lo que llevó a la clausura del establecimiento organizador del evento.
El periódico también señaló que el crucero que transportaba pasajeros LGBT como parte de ese viaje especial había modificado su ruta y ya no hará escala en Estambul.
La homosexualidad no es ilegal en Turquía, pero la comunidad LGBT es frecuentemente blanco de ataques verbales del presidente Recep Tayyip Erdogan, quien la responsabiliza del descenso de la tasa de natalidad.
Desde 2015, la marcha anual del Orgullo está prohibida y es reprimida de forma casi sistemática en el país.
Aunque México posee suficiente información sobre este sector, aun están pendientes las políticas públicas que aseguren una vejez digna para los miembros de la comunidad LGBTQ+ que lleguen a los 60 años o más
México está entrando de lleno en una etapa demográfica en la que la vejez dejará de ser un fenómeno marginal para convertirse en una de las realidades más palpables.
Crestomatía: Canal Once Televisión / Televisión Publica
En 2025 había en el país 17.1 millones de personas de 60 años o más, equivalentes a 12.8 por ciento de la población. Sin embargo, el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM) proyecta que la cifra crecerá a 28 millones en 2040 y 33.4 millones en 2050.
Dentro de ese proceso hay una población cuya existencia comienza a adquirir dimensiones cuantificables: las personas LGBTQ+ mayores. La primera encuesta probabilística nacional que permitió identificarlas, fue la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (ENDISEG) 2021, que estimaba que cinco millones de personas de 15 años y más se reconocían como LGBTI+, es decir un 5.1 por ciento de esa población.
La encuesta encontró que 0.9 por ciento de la población de 60 años o más se identificaba como LGBTQ+, pero un análisis posterior, elaborado por especialistas del Instituto Nacional de Geriatría calculó que alrededor de 155 mil personas de la comunidad en México tenían 60 años o más, es decir, 3.1 por ciento del total de la población LGBT+ estimada por ENDISEG. Pero lo más relevante es que esa cifra probablemente sea un piso y no un techo.
El INAPAM advierte que aún es difícil conocer con exactitud cuántas personas mayores LGBTQ+ existen en el país, porque muchas pertenecen a generaciones que vivieron su juventud bajo condiciones de fuerte estigmatización, criminalización y rechazo, por lo que ocultaron durante décadas su orientación sexual o identidad de género.
Más allá del dato de cuántas personas LGBTQ+ llegan a la vejez, para muchos la pregunta más importante es: cómo llegarán a ella, con qué recursos, vivienda, acceso a salud y, sobre todo, quién estará ahí cuando necesiten cuidados.
Una generación que llegó tarde a la vejez
La primera particularidad de las personas mayores LGBTQ+ actuales es histórica: muchas pertenecen a la generación que vivió las primeras etapas del movimiento de liberación sexual mexicano, pero también sus años más duros.
Una investigación de José Arturo Granados Cosme, profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, y Nicholas Lee Hale, egresado de la Maestría en Medicina Social de la misma universidad, señala que el envejecimiento y la mayor visibilidad de la primera generación abiertamente queer han producido un grupo poblacional relativamente nuevo para la investigación social y sanitaria. Los autores sostienen que las desigualdades en salud entre la población general y las personas LGBTQ+ parecen intensificarse durante la vejez.
Su conclusión es particularmente importante: la edad y la orientación sexual pueden actuar de manera sinérgica como factores que profundizan las brechas de salud, y el análisis debe cruzarse además con clase social, etnicidad y género.
Esto significa que no estamos hablando simplemente de adultos mayores que además son LGBTQ+, sino de personas cuya trayectoria de vida completa puede haber estado condicionada por esa pertenencia.
El INAPAM utiliza el concepto de “vejeces diversas” para explicar que no existe una sola forma de envejecer. El organismo advierte que la vejez está determinada también por el género, la condición sexo-genérica, origen étnico, salud, condición socioeconómica, lugar de residencia e historia de vida.
La diferencia es crucial, porque una parte de las instituciones mexicanas sigue pensando implícitamente en una persona mayor como alguien heterosexual, cisgénero, integrado a una estructura familiar tradicional, con hijos y posiblemente nietos. Y ese modelo deja fuera a todos los miembros de la comunidad que llegaron a los 60, 70 u 80 años en otras condiciones.
De acuerdo con el INAPAM, la discriminación y exclusión sufridas a lo largo del curso de vida pueden producir “precarización, marginación y desigualdades acumuladas que se exacerban en la vejez”. Entre los factores identificados aparecen la discriminación familiar, la exclusión laboral, la violencia, el acceso desigual a salud y la debilidad de las redes de apoyo.
Y en esa ecuación, la situación laboral y económica juegan un papel también importante, pues está documentado que la vida laboral de muchas personas trans mayores, por citar solo un ejemplo, transcurrió fuera del empleo formal.
Una investigación publicada por la Gaceta Médica de México en 2024 llega a una conclusión igualmente preocupante. Carmen García-Peña, directora general del Instituto Nacional de Geriatría; Raúl H. Medina-Campos; Mario U. Pérez-Zepeda; Jimena Vázquez-García; Diego Terán, de la UNAM, y Alethse de la Torre-Rosas, del CENSIDA, señalan en el documento que las personas mayores LGBTQ+ enfrentan “*más barreras para recibir atención social y sanitaria y menos opciones de cuidados informales”.
Ese mismo estudio advierte que este sector suele experimentar mayor inestabilidad financiera y barreras legales, junto con peores indicadores de salud física y mental que sus pares heterosexuales y cisgénero.
Cuando no hay una familia tradicional
Aquí es donde aparece el núcleo del asunto. Los sistemas de cuidado mexicanos se construyeron alrededor de la hipótesis simplista de que cuando una persona envejece y pierde autonomía, su familia se hará cargo.
¿Pero qué sucede cuando esa familia ya no existe, está distante o nunca fue el principal núcleo afectivo? El INAPAM reconoce expresamente que existen personas mayores LGBTQ+ que viven solas, con pareja o con “familias elegidas” (amistades, parejas, exparejas, compañeros de vivienda o redes comunitarias creadas durante décadas). Sin embargo, el Estado mexicano no siempre las reconoce como tales.
México está entrando en una etapa demográfica en la que la vejez dejará de ser algo marginal para convertirse en una mayoría
Un diagnóstico realizado por COPRED en 2025 señala que en muchos casos puede negarse atención o acceso a determinados procedimientos por falta de parentesco, aun cuando muchas personas mayores LGBTQ+ carecen de familia consanguínea cercana o viven solas.
Y cuando ese es el caso y no existe quién autorice un procedimiento médico, quien acompañe al paciente durante una hospitalización, quién reciba información médica o quién acompañe durante una enfermedad terminal, la situación se complica.
Residencias LGBTQ+ para mayores
La experiencia mexicana más emblemática es “Laetus Vitae, Vida Alegre”, fundada por Samantha Flores. INAPAM identifica a Vida Alegre como la primera casa de día para personas mayores LGBTQ+ en México y señala que surgió con un objetivo que sigue siendo central: crear un espacio seguro para encontrarse, expresarse, construir relaciones y formar redes de apoyo.
INAPAM señala que en Vida Alegre las personas mayores han encontrado oportunidades para establecer relaciones interpersonales, construir redes de apoyo, aprender, intercambiar saberes y construir comunidad.
La experiencia plantea una alternativa al modelo clásico de residencia: en lugar de separar a las personas de la sociedad cuando envejecen, *”fortalecer sus redes comunitarias para que puedan permanecer en su entorno el mayor tiempo posible”.
Sin embargo, un estudio de COPRED publicado en 2025 plantea que todavía no se han creado suficientes espacios que funcionen como hogares acogedores e incluyentes, no heteronormados, capaces de atender las trayectorias específicas de las vejeces LGBTQ+.
“¿Quién me va a cuidar?”
Esta puede ser la pregunta más difícil. Una persona heterosexual que no tuvo hijos enfrenta ya un problema potencial de cuidados. Para una persona de la comunidad que además perdió vínculos familiares por su orientación sexual o identidad de género, el riesgo puede ser mayor.
Investiga primera ola de personas LGBTQ+
El INAPAM reconoce que las redes de apoyo social deben fortalecerse y que las experiencias de vida de este sector deben ser incorporadas al diseño de las políticas públicas.
David Román Islas, profesor-investigador de Sociología de la UAM y especialista en geografías LGBTQ+ y estudios críticos del envejecimiento, ha estudiado cómo las personas mayores de la comunidad construyen espacios y estrategias para enfrentar el edadismo y la heteronormatividad.
Su investigación señala que la primera ola de personas LGBTQ+ que se politizó y obtuvo visibilidad ya envejeció, pero que las vejeces queer siguen quedando en los márgenes del discurso político y comunitario.
Su trabajo resulta especialmente relevante porque desplaza el problema del individuo al territorio: la vivienda, el barrio, los lugares de sociabilidad y la propia casa se convierten en espacios donde se negocia la seguridad.
El libro de Islas, ¿Volver al clóset? Geografías del envejecimiento contrasexual, publicado por la UNAM en 2024, estudia esas geografías de la vejez y documenta, mediante testimonios, cómo las trayectorias de vida se relacionan con familia, vivienda, instituciones, ocio y prácticas sexoafectivas.
En esa misma línea, el INAPAM sostiene que la participación de las personas mayores dentro de sus comunidades debe fortalecerse precisamente para generar redes de apoyo social y participación en la toma de decisiones.
Gloria Angélica Careaga, fundadora de Fundación Arcoíris y profesora de la Facultad de Psicología de la UNAM, ha sido una de las voces de la sociedad civil mexicana que han planteado públicamente esta problemática en espacios institucionales.
Durante un ciclo de la CNDH dedicado al envejecimiento y vejez LGBTQ+, Careaga dijo que existe “una falta de conocimiento en general del envejecimiento de esta población” y que estas personas enfrentan desafíos adicionales porque están ausentes de algunos programas de apoyo gubernamental.
Su conclusión apunta al problema estructural: los servicios deben prestarse sin “cortapisas”, es decir, sin obstáculos adicionales derivados de la identidad o la orientación sexual.
La CNDH, en ese mismo espacio, convocó a organizaciones como Fundación Arcoíris, UNAM, HelpAge International y otras instituciones para discutir los obstáculos de las personas mayores LGBTI, incluyendo discriminación, estereotipos y barreras para acceder a seguridad social.
Para muchos en México, esta discusión apenas comienza. Sin embargo, tenemos que afrontar será una de las grandes discusiones sociales de las próximas décadas, o como apuntan los especialistas, una cuestión generacional que se volverá urgente ya dentro de unos cuantos años.
Miguel Zaldívar está a punto de cumplir 60 años y lleva un largo tiempo buscando empleo formal sin éxito, después de estar en situación de calle.
Edgar Ulises Choreño, psicólogo del Centro de Atención e Integración Social (CAIS) Cuautepec, ubicado en Gustavo A. Madero, donde Miguel recibió apoyo, dice que el panorama laboral hace difícil reinsertar a gran parte de esta población, y aún más a los adultos mayores.
“Cada día va siendo mayor el número de personas adultas mayores en situación de calle, a pesar de todos nuestros esfuerzos”, apuntó.
El albergue atiende al menos a 300 adultos mayores que viven en la calle; de ellos, la mitad necesita asistencia. “150 personas requieren cuidados para la vida cotidiana: meterlos a bañar, cambiarles el pañal, hacerles curaciones. El resto es funcional y consigue empleos temporales. Pero no cuenta con una red de apoyo, ni hogar, ni una familia que le brinde el respaldo”, apuntó Choreño.
Sostiene que no es lo mismo envejecer en la calle que fuera de ella. “La falta de alimentación, un lugar adecuado para descansar, empleo y una red de cuidados acelera el envejecimiento. Cuando llegan personas de 50 a 60 años, parecen de 70 o hasta 80”, dijo.
El especialista enfatiza que este envejecimiento precoz exige mayores recursos para atender a personas en calle. Miguel coincide y agrega que la imagen es el principal factor de discriminación de las poblaciones callejeras.
“Al levantarme, me aseaba si había una fuente o un charco, aunque estuviera sucia el agua. Lo primero que te das cuenta en la calle es que, si te ven muy descuidado, te trata peor la gente. Dormía donde me agarraba la noche; procuraba al menos tener cajas de cartón, una cobija o plástico para cubrirme del frío o la lluvia”, contó.
Miguel relató que el 12 de junio de 2013 atropellaron a Guadalupe, con quien estuvo casado por 18 años. Refirió que el golpe fue tal que se volvió alcohólico y dejó de trabajar.
El hombre perdió su hogar en Iztacalco y formó parte de las poblaciones callejeras de la ciudad. Caminaba desde Ecatepec hasta el centro de la CDMX en busca de comida. Aseguró que, siendo mayor, es más difícil sobrevivir.
“En Vallejo y Azcapotzalco había comedores. Iba a más de uno para guardar comida para la noche o después. Como adulto mayor, te aíslas más, porque se aprovechan de uno si lo ven viejo. En una ocasión, una persona me robó con un pico un billete de 500 pesos, todo lo que había juntado ese mes juntando PET y latas”, relató.
Sin una red de cuidado, los días de Miguel se hacían difusos. “Uno se perdía en muchos sentidos. A veces caminaba y caminaba y, en un parpadeo, despertaba en otro lugar, sin saber cómo llegué ahí. Buscaba olvidar mi dolor, pero se acentuaba”, comentó.
Tras recuperarse, pudo rentar un cuarto mediante apoyos de Mi Valedor, un proyecto social que busca apoyar a personas en situación de calle a tener un empleo. También se sostuvo con su trabajo como chalán de mecánico. Sin embargo, no ha conseguido un empleo formal que asegure una completa reinserción social.
“Aunque por fin salí de las calles, nadie me acepta las solicitudes. Pese a mi edad, aún tengo las ganas, fuerzas y, sobre todo, hambre. He metido solicitudes, pero, al ver mi edad, solo la marcan en un círculo y me dicen: nosotros te llamamos. Sé que no lo harán. Estuve un tiempo como cerillo en Walmart, pero no alcanza. Intenté acceder a programas de adultos mayores, pero no he tenido respuesta”, apuntó.
En las instalaciones del albergue, Miguel apoya a otros habitantes del lugar en los talleres de fotografía con los que algunos aprenden a desarrollar habilidades para expresarse a través del arte. / Foto: Ivonne Rodríguez/El Sol de México
El caso de Miguel ocurre en un contexto de envejecimiento de la población que plantea nuevos retos para la Ciudad de México. La capital concentra el mayor porcentaje de personas adultas mayores de todo el país, con 14.4 por ciento. Desde 2019, hay más personas de más de 60 años que niños en la CDMX y, antes de 2050, una cuarta parte de la población será adulta mayor, según el Programa Nacional de Población 2026-2030.
Esto exige preparar políticas públicas a largo plazo para el cuidado y atención de adultos mayores en la capital mexicana, apuntó Mariana Bello, coordinadora del programa de justicia de género y cuidados en Oxfam México.
“La distribución de los cuidados históricamente ha sido injusta e inequitativa, pero el envejecimiento de la población va a tensionarla aún más, pues este grupo de edad requiere más cuidados. La Ciudad de México es de las ciudades que más rápido va a invertir su pirámide demográfica. ¿Estamos preparados en materia de infraestructura de cuidados? Definitivamente no”, sentenció.
De acuerdo con la especialista, el 96 por ciento de la infraestructura de cuidados en México es para atender a la niñez y a la adolescencia, principalmente escuelas, mientras que solo dos por ciento es para personas mayores, en su mayoría espacios privados.
La CDMX cuenta desde julio de 2026 con un Sistema Público de Cuidados, un conjunto de infraestructura, programas y presupuestos para reconocer, reducir y redistribuir las labores de cuidados entre hombres y mujeres. Dos grupos prioritarios de este sistema son la población adulta mayor y aquella en situación de calle.
“El Sistema de Cuidados de la CDMX está enfocado en infraestructura y servicios públicos para las personas más precarizadas y empobrecidas. Es algo que reconocemos, pero nos preguntamos si la infraestructura que están creando podrá ser adaptable para atender a adultos mayores”, comentó Bello.
Mientras tanto, Miguel Zaldívar no ha dejado de buscar un empleo digno. Eso, y poder reencontrarse con su hija, a quien no había visto en una década, fueron sus motivaciones para dejar las calles y su adicción al alcohol. Su mayor sorpresa fue descubrir que es abuelo.
“Me he podido comprar un teléfono hace un año. Ahora despierto y busco un poste de Wi-Fi para mandarle un mensaje de buenos días a mi hija y mi nieta. Luego me manda fotos de ella y ya no pienso tanto en el pasado, sino en el futuro que viene”, concluyó.