En la Ciudad de México existen 199 mil vendedores ambulantes, de acuerdo con información de la Secretaría de Economía del gobierno de México, correspondiente al primer trimestre de 2026; en tanto, en el país el número de personas dedicadas al comercio en la vía pública asciende a un millón 480 mil personas.
De acuerdo con el informe de enero a marzo, el salario promedio de los vendedores en el país es de 4 mil 930 pesos, monto estimado con trabajo de 31.6 horas a la semana.
El estado de México –después de la capital– ocupa el segundo sitio con el mayor número de vendedores, con 195 mil personas; en tercero se encuentra Puebla, con 152 mil; en tanto que la edad promedio registrada por las autoridades fue de 45.5 años.
Según el estudio, la fuerza laboral se distribuyó en 43 por ciento hombres, con un salario promedio de 5 mil 890 pesos, y 57 por ciento mujeres, con sueldo de 4 mil 200 pesos.
En la capital, ayer domingo nuevamente los vendedores ambulantes bloquearon el tránsito vehicular en el Eje Central y la avenida Juárez –a la altura de la calle Luis Moya–, así como en el cruce con la avenida Hidalgo, para exigir a las autoridades capitalinas que les permitan vender en los pasillos y banquetas de la Alameda Central.
Los quejosos, agremiados a al menos cuatro de la decena de organizaciones, insisten en que se permita la instalación de más de 25 ambulantes por cada una, y no sólo siete, como es la propuesta inicial del gobierno local.
Ante la falta de acuerdos entre autoridades y comerciantes, los policías capitalinos se desplegaron con escudos en la explanada del Palacio de Bellas Artes y en la acera de la banqueta del parque, por lo que los ambulantes volvieron a colocar los carros con alimentos, aguas, frituras, accesorios de celulares, lentes, productos de papelería, mochilas y bolsas en la avenida Juárez.
Otras decenas de comerciantes se colocaron en la avenida Hidalgo, en el cruce con el Eje Central, por lo que los servicios de Metrobús y Trolebús se interrumpieron; así como en la esquina de las avenidas Juárez y 5 de Mayo.
Los manifestantes insistieron en denunciar que “sólo privilegian a algunos grupos, porque hay presencia de comerciantes en el barrio chino, en la calle López y en la banqueta de Juárez, de mujeres de diversos colectivos y 140 vendedores de otros grupos del otro lado de la calle”. Los quejosos también han rechazado la propuesta de las autoridades para descansar lunes, martes y miércoles. El sábado se cumplió una semana de bloqueos.
Ciudad de México.- El periodismo no conoce de treguas y tampoco lo hace con mujeres periodistas en sus coberturas, quienes deben enfrentar en ocasiones algunos contextos adversos para una adecuada gestión menstrual y este tema, debería convertirse en parte de las agendas políticas para socializar lo que enfrentan para cumplir con el trabajo de sus redacciones.
Politizar la menstruación en el periodismo urge y así lo señalan las periodistas: Antonia Ramírez en la zona de La Montaña de Guerrero que se rebela a continuar manteniendo en silencio sus dolores menstruales; hasta el sur de México, con Itzel Huerta que coloca en el visor una realidad opuesta, donde el silencio es la única manera de sobrevivir al mundo de la nota roja.
Ser periodista y acudir a coberturas especiales en contextos de marginación, violencia o crimen organizado, implica un doble esfuerzo por conseguir la nota, especialmente, cuando el dolor menstrual se vuelve paralizante.
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Sin importar el crisol por el que se mire, nombrar este trabajo periodístico y lo que hay detrás, va más allá de compartir vivencias consideradas íntimas, es una apuesta política por desmantelar el androcentrismo del periodismo porque ellas, viven este proceso sin ninguna red de apoyo laboral.
Entre pantalones traspasados por la sangre menstrual, suéteres a la cintura, mallones térmicos y toallas dobles, las periodistas de distintas latitudes de México salen de sus casas para adentrarse a localidades rurales donde deberán cambiarse su toalla sanitaria al aire libre cada tanto tiempo y así no perder la nota, la entrevista o la declaración.
Las mujeres que ejercen un trabajo de periodistas en zonas recónditas del país van dotadas de toallas sanitarias y una botella de agua para su saneamiento, pero se enfrentan también a jornadas extensas y sin acceso al servicio sanitario.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en «Estadísticas a propósito de las personas ocupadas como periodistas y locutoras, 2020», en México hay 44 mil 364 personas dedicadas al periodismo, de este universo, el 28.6% son mujeres; la mayoría, tiene menos de 50 años. Es decir, que existen aproximadamente 12 mil 688 mujeres quienes enfrentan un proceso menstrual; muchas, se ven atravesadas por contextos adversos.
Antonia
Antonia Ramírez Marcelino, mujer nahua de Ocotequila, municipio de Copanatoyac, Guerrero. No sólo carga sobre sus hombros la responsabilidad de llevar la información a su comunidad, sino además, ha volcado su trabajo a escuchar y escribir sobre las necesidades de las mujeres; una línea editorial que estrecha los vínculos de confianza con otras. Las mujeres nahuas encuentran en Antonia un refugio y una ventana abierta para colocar en la agenda mediática la violencia, sus exigencias y omisiones municipales.
En entrevista, Antonia sostiene que, si bien existe un temor latente por su trabajo, también sabe que es cuidada. El tejido social que ha construido es sólido y a su alrededor, las mujeres cuidan de ella, lo que la hace rememorar el himno feminista: «Si tocan a una, respondemos todas«.
De forma cotidiana, la periodista viaja a distintas comunidades en busca de nuevas historias y denuncias. Este hecho implica subir a las montañas de Guerrero y ahí, desempeñar un trabajo periodístico que puede tomar días; entre neblina, barrancas y peñas, Antonia permanece en estos espacios recogiendo información, donde muchas veces, no existen servicios de drenaje, luz, ni agua.
¿Cómo sostener un proceso como la menstruación en este contexto adverso? Sin posibilidad de acceder a productos de higiene menstrual, ni agua para el saneamiento personal, nace el dilema para ponderar: Resistir la dismenorrea y el sangrado a cambio de cumplir con las obligaciones como periodista o bien, mover toda una agenda de trabajo, lo que aplazará por días las investigaciones.
Antonia detalla que su sangrado menstrual es abundante y experimenta fuertes dolores abdominales, en sus rodillas y cadera, por tanto, cuando inicia su periodo y debe subir a la región de la Montaña es complicado, pero siempre tiene la certeza de que en las cabeceras municipales o Ayuntamientos podrá encontrar un baño, sin embargo, el panorama se ve complicado cuando debe prepararse para subir a localidades más recónditas donde no todas las personas cuentan con un baño en sus casas; aquí, ella busca espacios al aire libre donde, de forma presurosa, pueda cambiar su toalla sanitaria.
Esto se da usualmente en Metlatónoc o Cochoapa el Grande. Este último considerado por las Naciones Unidas como el municipio más pobre del país, donde según datos de la Secretaría de Economía (2020), al menos el 84.2% de las personas viven en situación de pobreza extrema; la población habla mixteco y el 53.3% de la comunidad está conformada por mujeres.
En Cochoapa el Grande, según recoge el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), hasta 2020, la principal carencia en esta localidad es el acceso a servicios básicos, seguido de seguridad y vivienda. Al menos hasta 2020, 26 mil 300 personas señalaron la necesidad de servicios básicos; en un panorama atravesado por la pobreza extrema, el hambre y la vulnerabilidad, hablar de gestión menstrual y derecho a una menstruación digna está fuera de la conversación comunitaria.
Y no porque las mujeres no lo padecen, sino porque la localidad, se sostiene en valores patriarcales, donde los voceros no reconocen las necesidades de sus pares.
Entonces, sin acceso a servicios de saneamiento, ni a la posibilidad de costear productos de gestión menstrual, el trabajo de Antonia se ve comprometido. Desde el autocuidado, la periodista prefiere dilatar sus investigaciones y frenar el trabajo de campo los días en que su menstruación comienza, en caso de que sea extremadamente necesario, procura salir sólo dos días; se planea una logística a fin de eficientar los tiempos, donde se sale de madrugada para aprovechar el día y terminar el trabajo lo antes posible.
Su testimonio esboza una realidad sobre el androcentrismo que escribe el periodismo: La agenda laboral de muchas mujeres periodistas está decidida con base en su periodo menstrual.
«Cuando yo, por ejemplo, voy a Metlatónoc o Cochoapa, sí pienso: Ay no, lo voy a programar cuando no esté menstruando, hasta eso incide nuestra agenda. También uno de los retos es visibilizar a las mujeres y cuáles son sus necesidades (…) Imagínate, estamos menstruando y tenemos cólicos y luego vamos a una comunidad lejos, está lloviendo, te dan ganas de ir al baño y te quieres cambiar, los hombres nunca van a padecer esto»
Cuando llega el momento de viajar y permanecer hasta 3 días fuera de casa, Antonia refiere que siempre prepara sus toallas sanitarias, pero también, ropa extra.
Esto último, es la estrategia más indispensable, pues siempre existe la posibilidad de que su sangre menstrual traspase su ropa, lo que apuntala a que la planeación de la periodista va más allá de acudir a una cobertura con una mochila liviana y su cámara.
Trasladarse implica prepararse de todos los escenarios posibles que podrían darse durante la menstruación; un trabajo incisivo de cuidados pasivos que demanda de una meticulosa guía. Toallas en distintos tamaños, medicamentos, múltiples pares de ropa interior, papel, pantalones y ropa abrigadora, pues en algunas regiones de La Montaña, el aire es gélido y agudiza el dolor menstrual de Antonia.
“Cuando vas a un lugar donde hace mucho frío, te provoca más dolor y afecta tu productividad; afecta tu concentración en el trabajo, hay que llevar ropa de más porque todo el tiempo estás pensando: ¿Y si me mancho? Para mí son los dolores, sí, lo que no me deja trabajar es el dolor, me lastiman las rodillas y también la cadera, especialmente, los primeros tres días porque además, mi menstruación dura mucho, como 6 días”, dice Antonia.
Pero las implicaciones no sólo están concentradas durante estos primeros días, sino que, desde una semana antes,se gesta su síndrome premenstrual, mismo que le produce incomodidades y aminora su desempeño laboral. En el caso particular de Antonia, son los dolores punzantes en sus senos y cambios abruptos en su estado de ánimo los que terminan mermando su trabajo como reportera, especialmente, cuando se trata de cubrir temas duros.
¿Cómo te sientes haciendo tu trabajo sintiéndote así de vulnerable?: Me pongo extremadamente sensible; lloro mucho. Me suelto a llorar y sé que es mi ciclo haciendo que una se comporte de esa manera (…) Sí, se padece, a veces una está cubriendo o escuchando la historia de alguien y dan muchas ganas de llorar, pero me tengo que aguantar, porque yo sé que es mi trabajo: «No, delante del público no, no me puedo romper y ponerme a llorar, no puedo mostrar sentimiento», porque pues eres periodista, escuchas las historias y tratas de mantener ese perfil, no eres protagonista; no le vas a robar el foco a la víctima.
Entre síntomas premenstruales y una menstruación de hasta seis días, se puede calcular que la periodista puede pasar hasta 15 días entre dolores, sangrado, cambios de ánimo y sensibilidad. Son días fluctuantes donde muchas veces, Antonia refiere despertar con un estado anímico decaído, sin embargo, las responsabilidades con su agenda y sobre todo, el compromiso que tiene con las comunidades no la hacen claudicar: “Mi otra yo siempre me dice que me tengo qué levantar, aún cuando los dolores son fuertes, me tomo unas pastillas y a continuar con el trabajo”.
En su búsqueda por encontrar nuevas alternativas para su gestión menstrual, Antonia dio con la copa menstrual; un instrumento que le permitiría pasar horas sintiéndose cómoda y sin derrames. O al menos, eso pensaba.
La copa menstrual, considerada por muchas, el mejor producto de gestión menstrual, puede resultar ineficiente cuando se pretende usarla en contextos adversos, en sumatoria con sangrados excesivos. Si bien para Antonia la copa fue salvavidas hace algunos años, ha dejado de ser la opción más cómoda; refiere que, en esta etapa de su vida, la copa le produce mucho dolor e irritación, esto sin mencionar, que sacarla del conducto vaginal y lavarla, es una tarea compleja cuando te encuentras en espacios sin acceso a baños, ni saneamiento.
“En esas comunidades resultaba incómodo cambiar la copa, especialmente, porque necesitas agua para enjuagar [la copa] y lavarte las manos, mi flujo es tan abundante que mi copa menstrual, yo me la cambiaba hasta ocho veces al día”
Así, se vuelve a la usanza de las toallas sanitarias y se quiebra el paradigma de la industria menstrual que sostiene que los métodos son diversos; las toallas sanitarias se mantienen al frente como opción sostenible para gestionar los sangrados abundantes, aún, cuando ello implique incomodidad, derrames, rozaduras en muslos e incluso, infecciones vaginales.
Antonia, quien recientemente se ha incorporado al proyecto radiofónico La Voz de la Montaña, del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas, recuerda que nunca tuvo una educación menstrual durante su adolescencia y el único atisbo de información, se lo compartió su hermana mayor quien le refirió que un día, iba a sangrar.
Este pasaje en su vida quedó profundamente grabado y ahora, atravesada por las necesidades de las mujeres de La Montaña, el feminismo y la reapropiación de su cuerpo, la periodista apuesta por una revolución; una “pequeña tiranía” en donde nombra su menstruación, sus sentires y lo comparte con sus compañeros de trabajo. Lo que parecía desafiante, hoy, es un acto político: “Yo no me voy a quedar callada”, dice Antonia.
“Los periodistas ni saben de esto porque no lo decimos, por eso no hay que quedarse calladas. Hay que hablar de nuestra menstruación y de lo que nos duele para que también vayan sabiendo lo que nos pasa. Yo creo que, como nunca lo hablamos, entonces, no podemos decirle al compañero [por ejemplo] que necesitamos una toalla, siempre estamos esperando que llegue una mujer periodista para decirle y no, esto no tiene que ser así por eso yo estoy tratando de cambiarlo”.
Armada con su grabadora y movida por las causas más justas, el periodismo de Antonia abre las brechas en La Montaña de Guerrero, donde su visión rebelde y feminista la ha convertido en una de los personajes más incómodos para los líderes de las comunidades; su habilidad para cuestionar la realidad e identificar la exclusión de las mujeres en la toma de decisiones, la orillan a siempre preguntar: ¿Y las mujeres en dónde están? Un trabajo que, dice la reportera, produce el rostro desencajado de los voceros de las comunidades, “es siempre ponerlos en jaque”.
“Los pones a pensar, los incómodas. Cuando vienen campesinos con sus exigencias, pues los voceros son hombres y cuando terminan de hablar, yo pregunto: «Oigan, vienen muchas mujeres, quiero entrevistar a una mujer” y me responden “Es que ellas casi no hablan”, siempre decidiendo por nosotras, por eso más las busco y lo mismo con la fotografía. Cuando hacen plantones por días ahí están las mujeres cuidando, haciendo comida y encargándose de varias cosas, pero en las negociaciones, ellas no están y ahí estoy para buscar sus testimonios, pero si no les dices, ni las toman en cuenta. No reconocen sus necesidades que son muchas, pero la principal, es que las mujeres de la Montaña accedan a la educación, que tengan una carrera y decidan cómo quieren vivir”
Del otro lado del mapa, a más de 17 horas de esta revolución que abandera Antonia en Guerrero, se encuentra su par, la reportera chiapaneca Itzel Huerta, una de las únicas 2 mujeres que cubren la nota dura en la localidad de Comitán de Domínguez, en la barra fronteriza con Guatemala.
Itzel y Mariana
Itzel Hurtado nunca buscó el periodismo; el periodismo la encontró y halló en el poder de la palabra, el sustento para sacar adelante a su hijo, derribar inseguridades y saberse capaz de ser una de las periodistas más poderosas de Comitán de Domínguez -o de las Flores-.
En entrevista, narra todo lo que implicó su búsqueda por encontrar su camino en el periodismo, y cómo, la felicitación de su maestro en la preparatoria sería catapulta suficiente para saber que dentro de ella, existía la posibilidad de que el periodismo era su territorio. Reportera autodidacta con más de una década de trayectoria, Itzel reporteó por primera vez un incendio; su narración fue tan buena que se llevó las primeras planas -y palmas- en Comitán y desde entonces, el apellido «Hurtado» está en la primera fila de la noticia.
Pero en una localidad donde hay aproximadamente 60 periodistas y las mujeres no representan ni el 10%, hacerse camino implica hacerlo a punta de codazos. Hay que ganarse un lugar y desafiar las normas de un periodismo tradicional manejado en su totalidad por hombres.
En una localidad atravesada por los conflictos sociales, las organizaciones campesinas e indígenas, así como el arribo violento del crimen organizado, son los reporteros los únicos responsables de estar en cobertura, mientras que las pocas mujeres periodistas son dejadas en oficina y lideran la nota rosa de cultura, sociedad y espectáculo.
Itzel Huerta, junto a otra mujer, son las únicas 2 periodistas en todo Comitán que están en calle cubriendo la nota roja y dura; entre gases lacrimógenos, patrullas. protestas, balaceras, amenazas, golpes y apedreadas, Huerta resiste.
La perspectiva de las mujeres y el feminismo han llegado como un chispazo a la vida de la periodista, llevándola a denunciar casos de violencia obstétrica, un hecho que la llevó a recibir amenazas; las medidas cautelares, dice, se dan cuando policías van a buscarla a las 2:00 de la tarde y, después, a las 8:00 de la noche para preguntarle: ¿Está usted viva?
Itzel también ha sido apedreada con resorteras y encapsulada por elementos de seguridad, pero no hay arrepentimiento de su trabajo; el periodismo, dice, le ha permitido avanzar, le dio techo y comida para sacar adelante a su hijo como madre autónoma. Eso sí, las jornadas pueden llegar a ser extenuantes y en promedio, puede pasar hasta 12 horas fuera de casa.
La pasión por su trabajo la empujan a mantener este ritmo acelerado, pero hay una semana donde Itzel levanta las manos en señal de rendición: Cuando tiene su menstruación.
Itzel, una mujer de 43 años, ha experimentado cambios en su menstruación; ha dejado de ser regular como hasta hace unos años y ahora, los sangrados se han vuelto violentos, dolorosos e imprevistos.
«Cuando estás en campo no hay dónde cambiarte, dónde dejar discretamente tu toalla o lavarte porque tienes esta sensación de que hueles, la menstruación me debilita, me da extremadamente mucho sueño y me duele la cabeza, con el sol y la lluvia pues me duele más (…) empiezas a ver a todas las personas como tus enemigos y te dan ganas de mandar a la fregada todo esto, quiero sacar bandera blanca y decir: Ya, ya estuvo, hasta aquí llegué»
Itzel es una mujer grande y un problema constante durante su menstruación, eran las rozaduras en los muslos y glúteos a causa del plástico que contienen las toallas sanitarias; son pequeñas y no lograban blindarla de los sangrados: «Esa es la lata que tengo, ¿por qué se empeñan en hacer toallas tan pequeñas«, dice la reportera.
¿La solución?: Calzones menstruales o pañales.
Los sangrados de Itzel llegan sin aviso, ni síntomas previos y esto, ha mermado seriamente su trabajo; es cargar con la vergüenza de ensuciarse, de estar sola en un grupo de hombres reporteros de nota roja y de aprender a gestionar todo sola, sin posibilidad de pedir apoyo.
La reportera rememora aquella ocasión donde viajó a la Frontera Comalapa, límite de la Sierra Madre. Un municipio de apenas 80 mil habitantes donde al menos el 50% de la población vive en situación de pobreza moderada según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL).
Entre rancherías de ganadería y agricultura, Itzel Huerta se encontraba trabajando; usaba un pantalón de mezclilla y su suéter. Hasta que se le preguntó: ¿Estás en tus días? La reportera respondió que no; no era momento de su menstruación y tampoco presentaba síntomas que apuntaran a estos días en su ciclo.
«Me dijo que estababatídisima y yo sólo pensé: No puede ser, no puede ser, ¿cómo le hago para cambiarme?, ¿y en dónde? Estaba en una comunidad donde no hay baños, sólo letrinas o baños exteriores»
Itzel se cubrió y sucintamente, preguntó en el lugar más cercano si le daban posibilidad de entrar a lavar su pantalón. Ahí, entre letrinas, la reportera se despojó de los jeans y de su ropa interior; lavó todo y dejando el pantalón húmedo volvió a ponérselo a fin de que no se notara que sólo estaba húmedo en ciertas partes.
«Sólo me quedó ponerme así, la toalla a raíz [sin calzoncillos] y con mi pantalón húmedo, húmedo. Todavía me puse un suéter encima. Toda la gente se me quedaba viendo y mis compañeros me decían, ¿pues qué te pasó? Y yo les respondía: Nada, me mojé, me cayó encima agua ¨[…] sentía mucha pena, pero aún así, me tenía que regresar hasta las 8:00 de la noche y era apenas mediodía»
Este pasaje en la vida de Itzel lleva a cuestionar: ¿Qué sucede con las redes que tejemos con los compañeros periodistas?, ¿por qué la periodista enfrentó este proceso en soledad?
Y la respuesta se esboza con el propio androcentrismo de la profesión; en un espacio donde la mujer reportera es vista como un agente extraño, los periodistas de nota dura mantienen las armas arriba de poner a prueba todo el tiempo; «No les importa, si estás o no [menstruando], no te ven como a una mujer, ¿quieres ser respetada? Aguántala»
En el 90% de las veces, Itzel sale a coberturas únicamente con hombres y aunque el dolor menstrual pueda ser incapacitante, no existe este puente de comunicación para explicarles que se siente mal, que se ha manchado o que no puede seguir el ritmo por sus dolores de cabeza.
«Eres su compañero, si quieres ser respetada tienes que trabajar a su par, si hay que comer tacos en la calle, ellos te quieren ahí, si hay que sentarse en el piso, pues te sientas ahí con ellos, si hay que montarse a un carro para irte a una ranchería, pues esperan que te trepes como ellos»
¿Y entonces en quién te recargas cuando te sientes mal y estás en cobertura?: Pues sola, aprendes a gestionar tu dolor.
En el periodismo se maneja una estructura muy arcaica sobre el sesgo en las fuentes; la nota roja y dura implica estos valores de compadrazgo patriarcal y visiones de virilidad. Un techo que aún se mantiene estéril y que a las mujeres les cuesta trabajo penetrar; adaptarte a estas reglas no es una opción, sino una obligación si deseas ejercer la fuente.
Y esto no quiere decir que los compañeros sean crueles, repara Itzel, pero el trato siempre es parejo y de la reportera, siempre se espera que haga las labores que tiene qué hacer, con o sin dismenorrea.
«Me toca andar luego en los comandos militares con ellos, te dan la mano y te vas ahí [con los otros reporteros] y si estás menstruando pues vas sola en esos momentos, ni modo, te tocó la rifa del tigre ese día y hay que aguantarla”
En esta misma entidad, labora Mariana Morales, una reportera con 12 años de experiencia quien ha vivido la experiencia dolorosa de ver a Chiapas caer de forma paulatina en el nido del narcotráfico. Cuando empezó, dice, todo se trataba de conflictos sociales, la lucha de los pueblos contra los proyectos mineros y el movimiento de las comunidades indígenas, pero desde 2021, la agenda en Chiapas se ha vuelto extremadamente violenta.
Con la lucha del territorio en la frontera sur, los negocios del narcotráfico comenzaron a extenderse por toda la entidad y en medio, como corresponsal de Reforma, Mariana se mantiene vivaz para perseguir la nota.
“Yo siempre he trabajado en medio de disputas, por eso, yo digo que estoy cubriendo una guerra aquí en Chiapas”
Al igual que Itzel Huerta, Mariana ha sido víctima de amenazas por funcionarios públicos enfrentando campañas de desprestigio en su contra y una ola de violencia digital que le produjo sentimientos de incertidumbre.
Oscilando entre Tuxtla, Tapachula y San Cristobal de las Casas, Mariana ha identificado que su estado anímico tiene una repercusión directa con su ciclo menstrual; cuando está expuesta a situaciones de peligro, amenaza y violencia, su periodo se vuelve doloroso y abundante.
Mariana experimenta dolores en sus articulaciones, en vientre, inapetencia e incomodidad en su cadera. La perspectiva medular es cómo las agendas atravesadas por la violencia pueden tener repercusiones, no sólo en la salud mental de las periodistas, sino también, en su proceso menstrual.
Cuando el sangrado está próximo a llegar, la reportera medita la situación y mueve sus temas a fin de garantizar una menstruación sin dolores incapacitantes. Las coberturas que son complejas, son puestas para otro momento y los temas de eos temas se “acolchan” en aras de que el cuerpo no experimente emociones que evoquen la ansiedad y/o estrés.
Esta es la autodefensa de Mariana: Cuidarse y procurar su salud mental días antes de su regla.
“Hago ejercicio, me acuesto y trato de tomar té, sé que los temas que me ponen tensa hacen que la regla me llegue con dolor, por eso trato de buscar estos espacios para que no venga tan ruda, [intento] que mi contexto de violencia no se junte [con la menstruación] porque sí, hay una conexión entre una historia difícil y mi regla”
La periodista recuerda cuando estuvo fuera del país por medio año y se mantuvo lejos del periodismo; en esos meses, conectó consigo misma, su cuerpo se sentía cómodo y la menstruación se volvió un proceso sin dolor. Sin embargo, cuando volvió a trabajar a Chiapas, los síntomas volvieron; los cólicos incapacitantes así como la sensación de cuerpo cortado. Desde este momento para Mariana, fue evidente que el ritmo de vida le agudiza el sangrado y narrar temas de violencia, tiene repercusiones serias en su desempeño, en el cuerpo, en su estado de ánimo y afecta su ciclo menstrual.
Mariana no tiene complicaciones con pedir un descanso en el trabajo cuando lo necesita, sin embargo, se hila la forma en que las periodistas de campo desarrollan estrategias de sobrevivencia; estrategias que les permitan afianzar su desempeño, cumplir con sus obligaciones y a la par, ser periodista con menstruación habitual.
Nadie piensa en la basura después de tirarla, sale de casa, alguien la recoge y prácticamente desaparece.
Foto: Imagen Ilustrativa / Agencia de Noticias Matrix 2026 / Laboratorio MTX-1 / MIA 3.1
Detrás de esa simple acción está una actividad que mueve más de 50 mil millones de pesos anuales en México, emplea a miles de personas, pero también lleva a un cuestionamiento ¿qué hacer con cientos de toneladas de residuos que nadie quiere tener cerca pero que todos producen a diario?
El basurero de Chilpancingo, Guerrero (que se incendió durante semanas en junio pasado), está al tope de su capacidad y se ha convertido en un foco de infección por el tratamiento inadecuado de los desechos. Foto Óscar Alvarado
José Eugenio Canche Rodríguez, habitante de Yucatán, fue más allá de darle su bolsa a un trabajador de limpieza y descubrió que el Basurero Municipal de la localidad de Kanasín opera de manera irregular, al mismo tiempo de representar un riesgo ambiental, principalmente para los acuíferos.
El 21 de julio presentó una denuncia ante la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y ante las autoridades ambientales en contra de Saneamiento SANA, la empresa concesionaria que opera el basurero.
Denunció que el sitio no cuenta con los sistemas de impermeabilización necesarios para un relleno sanitario; que los lixiviados –los líquidos que salen de los residuos—se van a una laguna, que los desechos quedan expuestos al aire libre y que la empresa tiene planes de expandirse.
SANA afirmó a La Jornada que: el sitio cumple con las normas ambientales y que la Profepa levantó su clausura en mayo de 2026 después de comprobar que el sistema para recoger y manejar los líquidos que genera la basura funcionaba correctamente. Dice que cuenta con sistemas para controlar los gases que produce la descomposición de los residuos y que puede aumentar su capacidad sin ocupar nuevas áreas.
Kanasín es especialmente delicado porque está cerca del Anillo de Cenotes, una zona donde el agua de lluvia se filtra con facilidad hacia el subsuelo. Si los líquidos contaminantes de la basura llegan al suelo, pueden alcanzar el agua subterránea con mayor facilidad.
El ciclo de la basura, o como se le conoce técnicamente, de los residuos sólidos urbanos, no termina cuando se entierra. Es una industria que genera alrededor de 3 mil millones de dólares anuales (más de 51 mil millones de pesos) en nuestro país, estima Ricardo Medina Calvario, presidente del Colegio de Biólogos de México.
De acuerdo con los últimos censos económicos del Inegi, el sector dedicado al manejo de residuos y servicios de remediación cuenta con mil 339 unidades económicas y emplea a más de 27 mil personas.
Julio Valdivieso Rosado, experto en gestión de residuos, calidad de agua, normatividad ambiental y desarrollo urbano sostenible, describe este mundo de una forma peculiar: es todo un negocio.
Y Mauricio Ceballos González, que tiene su carrito y recolecta todo los días en la alcaldía Iztapalapa de la Ciudad de México lo confirma: “claro que lo es, por eso mis compañeros y yo trabajamos aquí. Por este trabajo tengo casa y carro”.
¿Cómo se mueve el negocio?
Sacar la basura a cualquier hora del día como lo hacen millones de mexicanos todos los días apenas es el incio del ciclo del negocio.
El primer eslabón, precisa Julio Valdivieso, son las empresas o trabajadores que se encargan de recoger los residuos. En el caso de las compañías privadas, cobran por el servicio y, además, pueden obtener ingresos por los materiales que recuperan de lo recolectado, como cartón, papel, PET, vidrio y madera.
Lo que ya no puede aprovecharse llega a un sitio de disposición final, conocido comúnmente como basurero. Ahí comienza otra parte del negocio: los operadores cobran a los municipios por recibir los residuos y darles un destino, pues mantener estos lugares requiere maquinaria, personal, equipo y terrenos.
“Es un negocio redondo porque la materia prima no cuesta”, detalla Valdivieso Rosado.
Crece todos los días
Para que ese negocio funcione no basta con recibir los residuos. Un sitio de disposición final requiere infraestructura y controles para evitar que la basura genere otros problemas.
Un relleno sanitario, explica Valdivieso Rosado, es una excavación que debe contar con una protección para impedir que los líquidos generados por los residuos lleguen al suelo y contaminen los acuíferos. Además, la basura debe cubrirse diariamente con tierra que cumpla ciertos estándares.
Mantener un sitio en esas condiciones requiere recursos, apunta; según el volumen de residuos que maneje, puede representar gastos de entre 50 mil y 100 mil pesos diarios, debido a la necesidad de contar con maquinaria, personal, equipo, electricidad, sistemas para controlar lixiviados y supervisión.
El volumen de residuos que genera México todos los días no es un tema menor. De acuerdo con datos de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), el país genera alrededor de 139 mil toneladas de residuos sólidos urbanos todos los días.
De ese total, sólo una pequeña parte recibe algún tipo de tratamiento, mientras que la mayoría termina en sitios de disposición final. En México existen más de 2 mil sitios registrados para depositar residuos, pero sólo 52 son considerados rellenos sanitarios, es decir, espacios que cumplen con las características técnicas para operar bajo una regulación ambiental.
¿Cuánto cuesta no hacer bien las cosas?
El manejo de los residuos no sólo representa una actividad económica. Cuando los sitios no cuentan con la infraestructura o los controles necesarios, las consecuencias pueden trasladarse al ambiente y a la población.
Ricardo Medina Calvario, presidente del Colegio de Biólogos de México, precisa que uno de los principales problemas es que varios sitios que reciben residuos no operan bajo las condiciones técnicas que exige la normatividad ambiental.
Explica que un relleno requiere sistemas de impermeabilización, manejo de lixiviados y controles para evitar que los contaminantes lleguen al suelo, al agua y al aire. Sin embargo, precisa que en México persisten deficiencias en la operación, vigilancia e infraestructura de estos espacios.
“Muchos rellenos sanitarios no funcionan al 100 por ciento”, advierte.
Y el problema va más allá: los líquidos que generan los residuos pueden filtrarse al suelo y al agua que utilizan plantas y animales, y esos contaminantes pueden regresar a las personas mediante los alimentos que llegan a su mesa.
“Es verdad, nadie quiere tener un relleno sanitario junto a su casa, pero tampoco quiere tener basura en su casa”, y es por eso que esto se vuelve un auténtico negocio, precisa Medina Calvario.
¿Y después?
El precio de no dar un buen mantenimiento a la basura puede ser mucho mayor, pues según el Inegi, la degradación ambiental asociada a los residuos sólidos urbanos generó costos por 124 mil 438 millones de pesos en 2024 –último dato disponible—.
Al mismo tiempo, mantener en condiciones adecuadas los sitios de disposición final requiere inversiones permanentes.
Si se toma como referencia el cálculo de Valdivieso Rosado, quien estima un costo mínimo de 50 mil pesos diarios para operar correctamente un sitio de este tipo, el mantenimiento anual de los alrededor de 2 mil 200 sitios existentes en el país representarían cerca de 40 mil millones de pesos.
José Eugenio Canche Rodríguez presentó la denuncia, la empresa respondió, los números existen, pero al final, quienes trabajan en la industria piensan diferente.
“Nosotros vamos y venimos a los rellenos, comemos ahí, pasamos días y noches, encontramos cosas, las llevamos a casa, nos enfermamos, nos recuperamos, pero al final, es lo que nos da de comer”, abunda Mauricio Ceballos González.
STAFF TeleDiario Ahora Mx / Por: Cecilia Córdova S / Por: Redacción / Matrix Digital Mx / Informa: Armando G. Tejeda, corresponsal / Meltem "Brisa Suave de Verano" Córdova S / La Jornada / Ahora Noticias Mx
Foto: Imagen Ilustrativa / Agencia de Noticias Matrix / Laboratorio de IA: MTX-1 / MIA 3.1
El espectacular fenómeno pudo apreciarse de forma total o parcial en un franja que abarcó desde Groenlandia hasta la Siberia rusa, pasando por Islandia, España, Francia, Reino Unido y los países escandinavos. Asimismo, en el resto del mundo, la transmisión de la NASA acumuló 2.4 millones de vistas. Foto AP
Sierra Norte de Madrid. Sierra Norte de Madrid. Y de pronto, alrededor de las 20:30 horas, el día se convirtió en una noche cerrada, los pájaros se agitaron y gorjearon confundidos, los murciélagos salieron de sus madrigueras y la Luna cubrió por completo al Sol. Ese momento fugaz, que duró entre 40 segundos y un minuto y medio –según la zona– emocionó a los habitantes de la Península Ibérica, cuando la penumbra dejó entrever un anillo luminoso y engarzado como un diamante muy brillante. Desde 1912 no se registraba en España el que muchos consideran uno de los mayores espectáculos astronómicos de la naturaleza. En México se han registrado tres eclipses totales de Sol en menos de 60 años el 8 de abril de 2024, el 11 de julio de 1991 y el 7 de marzo de 1970.
En una pedanía de la Sierra Norte de Madrid, entre Galapagar y Moralzarzal, decenas de personas se subieron a un pequeño monte para tener una buena visión del oeste, justo en el punto donde se mete el Sol cada día y donde además se vislumbran algunas de las montañas más imponentes de esa zona, como el Monte Abantos, Siete Picos, Peñalara, La Pedriza y Cuelgamuros. La gente llevaba de todo, desde los lentes especiales para ver eclipses y homologados por las autoridades sanitarias, hasta sombrillas, sillas, neveras portátiles y, por supuesto, telescopios y aparatos fotográficos para capturar el momento.
La misma escena ocurrió en buena parte del país. La gente se reunió para vivir la experiencia en las playas que miran hacia el Atlántico, el Mediterráneo o el Cantábrico, también en los pueblos de las cordilleras montañosas, como los Pirineos. Decenas de millones de personas, varias procedentes de otros países que viajaron para admirar este fenómeno natural, estaban dispuestas a emocionarse hasta el llanto. Y por eso se desperdigaron por las zonas que, según los expertos, se contemplaría con mayor nitidez y belleza el eclipse.
Agasajo sensorial
El recorrido de la franja lunar y su sombra comenzaron en el noroeste del país, en la comunidad autónoma de Galicia, y desde allí atravesó hasta 13 regiones, incluidas las Islas Baleares, enclavadas en mitad del mar Mediterráneo, pasando antes por Asturias, Castilla y León, la Comunidad de Madrid, Castilla-La Mancha, Cantabria, La Rioja, País Vasco, Navarra, Aragón, Cataluña y la Comunidad Valenciana, donde se pudo ver con claridad el momento en que la Luna se situó directamente frente al Sol, bloqueando la mayor parte de su luz y permitiendo observar la atmósfera solar; aunque el eclipse también se pudo ver total o parcialmente en otros países, entre ellos Portugal, Groenlandia, Islandia, República Checa, Suiza, Reino Unido y Francia.
Durante los 10 minutos previos al ocultamiento completo del Sol, la luz se transformó, provocando en las personas emoción y nerviosismo al ver un cambio en la percepción de los colores como consecuencia de la caída brusca de luz, además de los efectos que la transición de luz provoca en la retina. De acuerdo con especialistas, nuestros ojos pasan rápidamente de una visión dominada por los conos, propia del día, hacia otra en la que participan los bastones, propia de la noche. Y esto provoca que los tonos azulados y verdosos nos resulten más brillantes, mientras los rojos parecen apagarse y oscurecerse hasta convertirse en una tonalidad cercana al negro.
Después de ese momento de desconcierto por la transición de los colores y la luz, prevaleció la sombra lunar y fue como si una mancha oscura se proyectara sobre la superficie terrestre. De pronto se hizo la noche por unos segundos. Los animales se alteraron. La gente enmudeció. En el cielo se veía un punto brillante, mientras el resto del Sol desaparecía, parecía que un anillo tenía engarzado un diamante muy brillante. Era la señal inequívoca de que el eclipse empezó su fase de totalidad, en la que la corona solar se muestra esplendorosa.
Seguido desde pueblos recónditos de la España rural, acantilados, playas, barcos e incluso un avión de Iberia con 30 astrónomos a bordo, el fenómeno atrajo tal curiosidad que todo giró en torno al fenómeno natural, dejando de lado las disputas políticas, los enfrentamientos sociales y hasta la cólera por los problemas que aquejan al país. Las personas congregadas para vivir el momento en comunidad sólo repetían sin cesar que era “único”, “espectacular”, “hermoso” y “maravilloso”. Y cuando se hizo el silencio por la llegada de esa noche fugaz, la gente también rompió en un sincero aplauso, como una manera de dar las gracias a la naturaleza por mostrarse tan bella e imponente.
La supuesta fragilidad de la llamada “generación de cristal”, ha sido criticada de muchas formas, sin embargo, cuando de ciencia se trata la historia es un poco diferente. La generación es consciente de problemas graves como el calentamiento global, el tema sin duda los pone sensibles, pero usan dicho atributo para encontrar la verdad. Un estudio de la Aristotle University of Thessaloniki demostró en un grupo de jóvenes, griegos y portugueses, que el 77% de quienes verifica noticias lo hacen contrastándolas con fuentes científicas.
Al estar inmersos en la disciplina no solo integran el saber en su día a día, también van interiorizando vocabulario, conceptos e ideas presentes en círculos académicos. Pero hay más, según la Harvard Business School, gestionar la pasión por el trabajo es clave para evitar agotamiento y el deterioro del ímpetu. Sin buena organización, el burnout mina la salud mental.
De acuerdo con la revista Nature, la doctorante alemana Tatiana Uaman Svetikova, “la pasión no es una fuente eterna, entonces debemos protegerla tomando decisiones profesionales para respaldarla”. Una vez establecida la importancia del equilibrio interior, sería lógico pensar en fomentar un ambiente laboral sano.
La revista BISMA, especializada en negocios, administración y emprendimiento identificó 3 pilares: “cuando se satisfacen las necesidades psicológicas fundamentales de los empleados―autonomía, competencia y vinculación―, es más probable que experimenten un estadio positivo.” Así, el ambiente laboral naturalmente promueve el intercambio de experiencias, percibidas como victorias o derrotas, muy útiles para avanzar en cualquier investigación. La base de cualquier disciplina científica es el trabajo en equipo, porque el conocimiento no avanza sin la inteligencia colectiva.
Como defender la ciencia no es fácil, la misma investigación de la Aristotle University reveló que los jóvenes de la generación Z desconfían de los medios tradicionales y buscan información en sus círculos de confianza. Pero lejos de aislarse, esa confianza se convierte en un escudo: si un amigo o un familiar niega el cambio climático o duda de una vacuna, ellos investigan y alzan la voz cuando alguien argumenta sin fundamento.
Para mostrar sus puntos de vista, les gusta compartirnos su labor en TikTok o Instagram. Los tiktokers más destacados son Big Manny, un maestro en Ciencias Biomédicas que usa slang para enseñar química y biología. La Dr. Kristen Banks, una astrofísica indígena australiana nos comparte cómo viven aquellos dedicados a observar y analizar los misterios del universo.
En Instagram tenemos a Teresa Paneque, doctora en astronomía quien ganó el Eric and Wendy Schmidt Awards for Excellence in Science Communications (2025), el “Óscar de la comunidad científica”. Y también está la especialista española en agujeros negros, Alba Moreno, alguien capaz de demostrar la turbulencia en aviones con un plato de macarrones.
No importa cuánto se haya criticado a la “generación de cristal”, hoy ellos son el diamante de la ciencia. ¡Escuchémoslos!
El equipo que representó a México en la edición 28 de la Olimpiada Matemática de Centroamérica y el Caribe (OMCC) obtuvo dos medallas de oro, una de plata y una de bronce, lo cual colocó al país en el primer lugar regional, posición que se ha logrado por 18 años consecutivos.
La competencia se realizó en la capital de estado de Durango, México, del 7 al 14 de agosto, con la participación de 13 países y un total de 44 participantes.
Los estudiantes mexicanos que ganaron presea dorada son: Maia Berenice Díaz Mondragón (originaria de Morelos), y Carlos Santiago López Figueroa (Chiapas). Obtuvo medalla de plata Ignacio Ostos Aponte (Nuevo León), mientras que José Antonio Vega Sánchez (Guanajuato) se alzó con la medalla de bronce.
En conjunto, México obtuvo 128 puntos, seguido por Costa Rica con 111 puntos y la tercera posición fue para Cuba con 99 puntos.
El liderazgo del equipo nacional estuvo a cargo de Ángela María Flores Ruíz, de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas de la Universidad Autónoma de Sinaloa, y la tutoría fue realizada por José Eduardo Cazares Tapia, de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Los competidores fueron seleccionados y entrenados por la Olimpiada Mexicana de Matemáticas (OMM), un programa académico de la Sociedad Matemática Mexicana (SMM), el cual desde hace 40 año trabaja para crear oportunidades paraque la juventud mexicana desarrolle su talento y potencial matemático.
La OMM agradeció el apoyo para la realización de la OMCC en Durango de Global Talent Fund, Casa Córdoba Filantropía, la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Juárez del Estado de Durango, la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas de Universidad Autónoma de Sinaloa, Casio,la SMM, y el Centro de Investigación en Matemáticas.
STAFF TeleDiario Ahora Mx / Por: María Fernanda Córdova S / Por: Redacción / Matrix Digital Mx / Informa: Ángel Bolaños Sánchez / Fernanda Rodríguez / La Jornada / Ahora Noticias Mx
Foto: Imagen Ilustrativa / Agencias / Por: Redacción / Laboratorio de IA Matrix 2026
Pese a que muchas avenidas secundarias y calles de la capital tienen enormes baches, las autoridades de las demarcaciones no han ejercido los recursos de este año. Foto Germán Canseco
Al cierre del primer semestre de este año, las 16 alcaldías no reportaron ningún avance en la aplicación de los recursos del Fondo de Repavimentación creado este año dentro del Presupuesto de Egresos con un monto de mil millones de pesos.
En el apartado del segundo informe de avance trimestral de la Secretaría de Administración y Finanzas (SAF) correspondiente al Fondo Adicional de Financiamiento de las Alcaldías, al que se integraron los recursos exclusivamente para proyectos de repavimentación de vialidades secundarias, no se registró ningún monto ejercido y solamente Álvaro Obregón reportó la cantidad asignada como comprometida.
De los mil millones de pesos, Iztapalapa y Gustavo A. Madero cuentan con las mayores asignaciones, con 134 millones 950 mil 807 pesos y 110 millones 59 mil 924, respectivamente, seguidas por Cuauhtémoc, con 77 millones 492 mil 618 y Álvaro Obregón, 73 millones 719 mil 988 de pesos.
Las reglas de operación para el ejercicio de los recursos se publicaron el 25 de febrero, en las que se dispuso que los órganos político administrativos debieron presentar a la SAF su cartera de proyectos antes del 13 de marzo, con especificaciones de los que serían financiados con recursos del Fondo de Repavimentación, y la dependencia tenía 15 días para dictaminar su procedencia.
El decreto de Presupuesto de Egresos para el ejercicio fiscal 2026 prevé que las alcaldías deberán ejercer los recursos de dicho programa por medio del Fideicomiso de Infraestructura, Movilidad, Agua y Seguridad, que fue constituido el año pasado como mecanismo para realizar el pago de los gastos de proyectos en materia de infraestructura y equipamiento urbano y de movilidad, medio ambiente, políticas hídricas, tecnología y seguridad.
Los recursos del Fondo de Repavimentación sólo podrán destinarse a proyectos que abarquen las obras de renovación, rehabilitación y colocación de superficies asfálticas o similares en calles, avenidas y caminos y no podrán utilizarse en otros fines, como construcción nueva, mantenimiento general, señalización o iluminación.
Del resto de los recursos, 45 millones 873 mil 252 pesos corresponden a Azcapotzalco, 51 millones 963 mil 105 a Benito Juárez, 65 millones 310 mil 573 a Coyoacán, 41 millones 480 mil 129 a Cuajimalpa de Morelos, mientras Iztacalco tiene asignados 48 millones 228 mil 306 pesos.
El dinero disponible en La Magdalena Contreras para repavimentación asciende a 40 millones 581 mil 947 pesos, 56 millones 27 mil 457 Miguel Hidalgo, 35 millones 801 mil 71 en Milpa Alta, 41 millones 990 mil 41 para Tláhuac, 63 millones 226 mil 382 de Tlalpan, 64 millones 474 mil 927 en Venustiano Carranza y Xochimilco 48 millones 819 mil 473 pesos.
STAFF TeleDiario Ahora Mx / Por: Meltem "Miel y Tiempo" Córdova S / Por: Redacción / Matrix Digital Mx / Informa: Nayelli Ramírez Bautista / La Jornada / Ahora Noticias Mx
Foto: Imagen Ilustrativa / Agencia de Noticias Matrix / Laboratorio de IA Matrix 2026
La prueba piloto operará durante 60 días en Tlalpan con recorridos de lunes a viernes y pago mediante la Tarjeta de Movilidad Integrada. Foto RTP
Foto: Imagen Ilustrativa / Gobierno de la CDMX
Ciudad de México. La Red de Transporte de Pasajeros (RTP) puso en marcha una prueba piloto de dos rutas en San Miguel Topilejo, alcaldía Tlalpan, que beneficiarán diariamente a más de 3 mil 400 personas.
Las dos rutas comenzaron a operar ayer como parte de una prueba piloto de 60 días. Una conecta San Miguel Topilejo con la estación La Joya, mientras que la otra parte del Auditorio Ejidal hacia el mismo destino; ambas ofrecen servicio en los dos sentidos.
Ambas operan como servicio exprés, de lunes a viernes, de 5 a 23 horas, con una tarifa de cuatro pesos por viaje, que puede pagarse con la Tarjeta de Movilidad Integrada; mientras que el servicio es gratuito para menores de cinco años, personas con discapacidad y adultos mayores.
STAFF TeleDiario Ahora Mx / Por: Meltem "Miel y Tiempo" Córdova S / Por: Redacción / Matrix Digital Mx / Informa: Ximena García, Mara Ximena Pérez y Nayelli Ramírez Bautista / La Jornada / Ahora Noticias Mx
Foto: Imagen Ilustrativa / Agencia de Noticias Matrix / Laboratorio de IA Matrix 2026
Pese a que el Congreso local aprobó reformas a la Ley de Cultura Cívica para endurecer las sanciones contra quienes arrojen basura en espacios públicos, los tiraderos al aire libre continúan invadiendo calles, camellones y áreas verdes.
Según un informe presentado por la diputada local Claudia Morales, en febrero se tenían identificados 889 tiraderos clandestinos, de los cuales 47.8 por ciento se concentraban en las alcaldías Cuauhtémoc, Iztapalapa y Miguel Hidalgo.
Sin embargo, en otras alcaldías, como Iztacalco y Venustiano Carranza, se observaron montículos de basura que impregnan las colonias con malos olores, atraen fauna nociva y durante las lluvias obstruyen coladeras. En la calle Siete, de la colonia Agrícola Pantitlán, en Iztacalco, se contabilizaron más de una decena de tiraderos alimentados principalmente por residuos provenientes de distribuidoras de cárnicos y puestos ambulantes.
Nunca aparecen
Gregorio Sánchez reprochó que los camiones recolectores pasan en horarios inadecuados. “Los buscamos y no se aparecen”, señaló, y explicó que la gente opta por amontonar los desechos en la calle esperando “a ver quién la recoge”. Susana Esquivel señaló que durante el Mundial se implementaron rondines policiacos para sancionar a quienes tiraran basura en las calles; sin embargo, aseguró que la medida fue temporal.
En Venustiano Carranza existen puntos de desechos afuera de la estación Moctezuma del Metro y en la avenida Fray Servando Teresa de Mier. En la avenida Plutarco Elías Calles, en San Andrés Tetepilco, Iztapalapa, vecinos señalaron que la basura vuelve a acumularse pocas horas después de que es retirada; ese lugar, dijo, lleva cerca de 30 años siendo basurero.
Alejandra dijo que pareciera una broma que justo donde hay una lona en la que se indican las sanciones ahí se depositen los residuos, donde incluso han dejado mobiliario y colchones.
Mencionaron que es necesario generar conciencia entre los habitantes sobre el problema, pues son sus propios hijos y nietos quienes conviven con un ambiente insalubre, situación que se repite en las inmediaciones del mercado de San Andrés Tetepilco y Prolongación Sur 69.